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martes, 29 de marzo de 2011

Suna Rocha - Raul Carnota

Les hablaba de los 3 discos elegidos especialmente. Este es el tercero. Y se debe a una deuda pendiente de varios años atrás.














Les cuento. Desde que escuché por primera esta canción en la voz de Suna Rocha me ilusioné en demasía con ir a conocer ese pueblo. Probablemente, la emoción que me trasmite esta canción debía ser -así lo entendía mi cuerpo- necesariamente correspondida con el paisaje.

El disco de Suna Rocha y Raul Carnota es un indispensable, pero solamente, por esta vez, me quedo con esta baguala que me apasiona (ya se los había comentado).

(Aclaración: nunca pude descifrar claramente la diferencia entre una vidala y una baguala, ambas, generalmente, me conmueven, pero más allá del sentimiento hay algo que no descifro para lograr diferenciarlas, si alguien lo sabe y puede en pocas palabras ¿me lo explica? Gracias. Yo le digo baguala a esta canción, si es vidala mis perdones y corríjanlo como se debe.)

Con la felicidad de la tarea cumplida de escucharla mientras caminaba la tierra de ese hermoso pueblito calchaquí llamado Seclantás.

Maridajes

Cuándo: una vez

Dónde: en Seclantás

Cómo: con pena de arena, que no vale la pena



Suna Rocha - Raul Carnota - El seclanteño







Cuchichiando

Les decía anteriormente que casi dos de los tres discos llevados de forma adrede eran del Cuchi Leguizamón. El -casi- segundo de ellos es un homenaje de este porteño hacia el mundo que es Quique Sinesi al maestro, de Salta a lo más profundo de la tierra.













Cuchichiando es un disco excepcional dentro de esa inestable especie que son los discos homenaje. Un talento absoluto del guitarrista puesto en función de otro talento jamás empardable de la obra del compositor homenajeado.

Ah, una vez más el arte de tapa es de mi inconmensurable amigo chajucito.

No más para decir que escuchen detenidamente y disfruten.

Maridajes

Cuándo: cuando quieran recordar en el presente al Cuchi

Dónde: en Salta o en cualquier rincón del planeta

Cómo: con el respeto de Sinesi en función de una obra exquisita



Quique Sinesi - Zamba del Carnaval







El Cuchi Leguizamón

Además de otros incidentales, me cargué tres discos en mi reproductor de mp3, para darle -un poco más de- sentido musical a mi viaje a Salta. Uno de ellos -o casi dos- eran del Cuchi Leguizamón.

Es que si alguien dice Salta, es imposible pensar en otra cosa que en el Cuchi Leguizamón.













El gran maestro de las disonancias del folclore argentino. El gran compositor desprendido de toda presión tradicional que otorgó un color único a la música de la tierra. De Salta. En 1969 grabó este su primer disco solista que alterna las primeras seis canciones (el lado A) de únicamente piano con las siguientes seis (el lado B) de guitarra y voz. Siempre aderezado con sus sabores disonantes y mágicos.

La canción que abre el disco es una las tantas maravillas cuchienses -y valga el término-: sentado a su piano interpreta su composición dedicada al Sapo Rococó, el bicho creador de la chacarera, que con su croar en 6/8, silenciando el primer tiempo del compás había adivinado que ese ritmo tendría éxito en las tierras del norte argentino. Y la sentida Zamba del Carnaval no puede menos que emocionarme.

Nada mejor para acompañar los paisajes de la linda Salta, del alto Valle Calchaquí, que la música única de El Cuchi Leguizamón.

Maridajes

Cuándo: cuando la tierra y el buen gusto lo exijan

Dónde: de Salta para el mundo

Cómo: disonante, hermoso, salteño



Cuchi Leguizamón - Zamba del Carnaval







sábado, 26 de marzo de 2011

El perfume de la tempestad

En sus 3 discos posteriores a la separación de los Redonditos de Ricota, el Indio Solari logró 3 cosas, creo, muy importantes en comparación con su pasado inmediato: una música más potente y con mejor producción, una lírica mucho más intimista y, por último y principalmente, tener el comando de toda la maquinaria, es decir, hacer lo que realmente quería hacer sin dar explicaciones. Hay quienes gustan más de este presente y quienes prefieren lo anterior (lo anterior que, desde acá entendemos, se divide en un antes y un después del año 1993 cuando cambió radicalmente la banda y las formas musicales, pero eso es harina de otro costal o tema de otro post).
Volviendo al disco que nos convoca, el tercero de la saga solista del artista calvo, es hasta la fecha en el cual los 3 logros de Solari de los que hablábamos se conjugan más perfectamente.












Si el primero de los discos fue el más profundamente intelectual y el segundo el de canciones más redondas, El perfume de la tempestad es el disco donde el Indio arriesga mucho más, desde lo musical y desnudándose en la lírica (sí, hermética, adjetivo que siempre gustan de atribuirle, pero mucho más introspectiva).
Como siempre, los climas empiezan desde la composición en tonos menores, una marca Solari, pero en este el concepto de la tempestad, de la tormenta, del cielo tronando justicia sobre la tierra de los mortales, es parte fundamental del clima épico, lírico y musical.
Quizás la canción que más refleja la desnudez expresa de Solari, es una canción que a priori aparece como una canción menor, pero es una de las canciones que sintetizan el momento. Submarino Soluble, canción en la que muestra todos sus poros abiertos y expresa su karma fóbico, paranoico, obsesivo, es -parece- una metáfora de todos sus sentimientos. Una letra rara. Rara en el universo de letras raras de Solari. Encierro dentro de un submarino, debajo del mar y la nave que empieza a fallar. Control, la racionalidad humana que le insiste que estar allí, en esa situación, tan solo, tan sólo le puede hacer mal. La densidad agobiante y la duda de si, inclusive en esa situación, realmente estaría más a gusto afuera. Y lo que hay que sufrir en esa hojalata yendo al muere. Aunque a pesar de todo el sufrimiento, el submarino -el mambo- tiene dos salidas ya que es soluble: se disuelve o se resuelve (gracias Majo).
Además del intimismo discursivo este disco arriesga desde lo musical también, no es más de lo mismo, canciones como Satelital, Zzzzzzz…., Black Russian o Una rata muerta entre los geranios (además de, claro, Submarino soluble) son decididamente arriesgadas desde lo musical.
Por otro lado, juega con ventaja quien tiene en sus manos la base Carrizo-Torres y aquellos guitar-heroes y gladiadores de batallas rockers que son Comotto y Benegas. Como siempre, el lugarteniente que cuida las espaldas del capitán del barco es Aramberri (y aporta sus colores tanto como aplaca al disco cuando se ocupa de cubrir el lugar de Carrizo). Y las cuerdas y los bronces dan el retoque final al cuadro de situación. (Les cuento, respecto a ello, algo que si lo pienso me da un poco de vergüenza, pero que sabrán entender: en general me emocionan pequeñas cosas -tontas cosas-, ínfimas, esas que todos o casi todos pasan por alto, denigran o bien tiran a la basura, es así nomás; en particular lo que viene a colación acá es que me emociona casi hasta lo más profundo, y no se rían, che, la nota de la trompeta de Tallarita -una séptima sufrida- con la que termina Vino Mariani, es una observación menor, ya sé, pero el universo está hecho de cosas menores, el resto se lo dejamos a los diarios.)
Hoy, el disco es presentado en esta linda Salta que hoy acoge nuestros pasos, y mientras también disfrutaremos del folklore que emana en esta tierra (aunque hoy el turismo solariano cambia un poco el espíritu de la ciudad), me animo a proyectar que desde esta noche el universo de canciones épicas en los recitales de Solari se agranda: además del pogo universal de Jijiji y de las banderas, fuegos de artificios, y colores de Juguetes Perdidos, hoy se inaugura la era de coros y saltitos rítmicos (que tanto le gustan al cantante) con Vino Mariani, un clásico del futuro.
Disfruten de Caballo Loco, mientras acá en Salta ninguna nube es sospecha.
Maridajes
Cuándo: esta noche
Dónde: en el Padre Martearena
Cómo: surfeando el ojo de la tormenta del pogo más grande de la historia universal



Indio Solari - Una rata muerta entre los geranios






jueves, 24 de marzo de 2011

Libertinaje

- Usted me preguntó qué pasaba en los aviones. Una vez que decolaba el avión, el médico que iba a bordo les aplicaba una segunda dosis, un calmante poderosísimo. Quedaban dormidos totalmente.

- Cuando los prisioneros se dormían, ¿qué hacían ustedes?

- Esto es muy morboso.

- Morboso es lo que hicieron ustedes.

- No me gustaría que alguien pudiera pensar que siento placer al contar esto.

- Ya ha quedado claro que usted quiere hablar de Rolón y Astiz. Soy yo quien le pregunta por los detalles del vuelo, para que no quede como una abstracción.

- Hay cuatro cosas que me tienen mal. Los dos vuelos que hice, la persona que vi torturar y el recuerdo del ruido de las cadenas y los grillos que les colocaban a los prisioneros. Los vi apenas un par de veces, pero no puedo olvidar ese ruido. No quiero hablar de eso. Déjeme ir.

- Esto no es la ESMA. Usted está aquí por su voluntad y se puede ir cuando quiera.

- Sí, ya sé. No quise decir eso. Hay detalles que son importantes pero me cuesta contarlos. Lo pienso y me rayo. Se los desvestía desmayados y, cuando el comandante del avión daba la orden en función de donde estaba el avión, se abría la portezuela y se los arrojaba desnudos uno por uno. Esa es la historia. Macabra historia, real, y que nadie puede desmentir. No puedo sacarme de encima la imagen de los cuerpos desnudos apilados en el pasillo del avión, como en una película sobre el nazismo. Se hacía desde aviones Skyvan de Prefectura y en aviones Electra de la Armada. En el Skyvan por la portezuela de atrás, que se abre de arriba hacia abajo. Es un gran portón pero sin posiciones intermedias. Está cerrada o está abierta, por lo cual se mantiene en posición de abierta. El suboficial pisaba la puerta, una especie de puerta basculante, para que quedaran 40 centímetros de hueco hacia el vacío. Después empezábamos a bajar a los subversivos por ahí. Yo, que estaba bastante nervioso por la situación que se estaba viviendo, casi me caigo y me voy por el vacío.

- ¿Cómo?

- Patiné y me agarraron.

- Usted mencionó dos vuelos en el mismo mes.

- Sí, en junio o julio de 1977. El segundo vuelo fue un día sábado. Mi familia vivía en Bahía Blanca y yo viajaba cada quince días, o sea que trabajaba sábado y domingo, estaba en la Escuela. Me dieron la orden. Me pusieron de jefe de columna, seguimos los mismos pasos, esta vez en un Electra. El procedimiento era el mismo pero por la puerta de emergencia en la parte de popa, o sea atrás, a estribor, es decir, a la derecha. Se sacaba esa puerta y se ataba con una cuerda al operador que iba a hacer la tarea. En ese segundo vuelo, siguiendo la teoría de ese entonces de la Armada, también había invitados especiales.

- ¿Qué quiere decir invitados especiales?

- Oficiales de la Armada de mayor jerarquía, que no participaban pero que venían en el vuelo para darnos respaldo, por ejemplo capitanes de navío, oficiales superiores de otros destinos.

- ¿Ellos qué hacían?

- Nada. Era una forma de dar apoyo moral a la tarea que uno estaba haciendo.

- ¿Iban sentados junto a los prisioneros?

- No, no. Prácticamente no había asientos. Había una pequeña cantidad de asientos adelante y el resto estaba todo vacío.

- ¿Y los oficiales superiores dónde iban?

- Iban sentados y después durante la operación se pararon y estaban ahí mirando.

- Miraban.

- Sí, sí, miraban.













Libertinaje es un disco de una banda que en mi temprana juventud -que coincidió con sus primeros discos- me gustaba mucho, que en 1998 tuvo un gran salto de popularidad justamente con este disco -desparejo con algunos grandes temas y otros rápidamente descartables- y que luego dejé de escuchar bastante cansado de la banda y de sus individualidades. El disco podría ser comentado por varias cosas, este post sólo tiene sentido en función de la fecha de hoy y de una única canción que es esa balada dulce y terriblemente trágica que es Vuelos. No lo iba a publicar, hasta te lo dije a vos, Stanley, que tenía ganas de hablar y escuchar solamente discos que hayan tenido peso en esos horribles 7 años. Pero escuché la canción de rebote y eso me hizo ir urgente a releer algunas partes del libro El Vuelo de Horacio Verbitsky con el que comienza este post. Y acá está: Vuelos del disco Libertinaje.


Bersuit Vergarabat - Vuelos






IV LP

1978. “Para Gieco aquel fue un verano difícil. Había empezado a beber más de la cuenta, consumía drogas y se sentía cada vez más inseguro, amenazado. Una tarde de marzo, alguien lo llamó por teléfono para avisarle que se cuidara, que los Servicios sabían a qué jardín de infantes iba su hija Liza.” Cuenta Sergio Pujol en el libro Rock y Dictadura.













Gieco se fue del país, pero el exilio le duró muy poco. En pocos meses recorrió Latinoamérica, Estados Unidos, algo de Europa, pero no logró asentarse en ninguna extraña tierra y no pudo con el desarraigo y la depresión que lo consumía. Volvió. El mismo año editó su cuarto disco que llamó, simplemente, IV LP. La censura que había sufrido en los años anteriores, increíblemente esta vez no apareció sobre las canciones de este disco.

Dice el inmigrante es una de las mejores canciones del exilio, del breve pero sufrido exilio de León Gieco.

(Lleva incertidumbre y la risa postergada, lleva un libro, eso es bastante dice el inmigrante. Lleva la cruz del marginado, lleva otro idioma, lleva su familia, eso es bastante dice el inmigrante.)


Maridajes

Cuándo: siempre que debamos pensar en el exilio

Dónde: acá, allá y en todas partes

Cómo: recordando los sentimientos del desarraigo



Leon Gieco - Dice el inmigrante