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sábado, 16 de abril de 2011

Para los árboles

Continuamos la lógica de los discos dedicados. Este es el disco que Luis Alberto Spinetta escribió, compuso y cantó en 2003 para los árboles.

Pero también ensamblamos con el tema de los lenguajes que se propuso tímidamente durante la semana: el lenguaje, los lenguajes. Lenguajes significativos y lenguajes asignificativos. Porque no sólo de palabras está hecho el mundo. Toda comunicación de contenidos espirituales es lenguaje, decía Walter Benjamin allá por la década del 30 del siglo pasado (o al menos es lo que nos hace llegar el traductor del alemán, y como todo lenguaje traducido deja de ser la idea original para pasar a ser una nueva significación de aquel: estamos enmarañados dentro de nuestro problema). Justamente comparaba Benjamin al lenguaje significativo de los hombres con el lenguaje asignificativo de los árboles. Para los hombres. Para los árboles. Los hombres con la nominación, con la palabra, someten a las cosas, dominan y convierten a la naturaleza en su esclava. Por eso Benjamin nos habla sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres.














Para los árboles es quizás el mejor disco de la última etapa de Spinetta, la etapa post Socios del Desierto. Y juega -siempre- el músico con una variedad y conjunción de lenguajes que pareciera que intentase imitar al mundo. Los lenguajes -musicales, sonoros, tecnológicos, líricos, poéticos, con mayores y menores significancias- juegan un juego complejo de conjunción y también de contradicción. Y es en este disco donde Spinetta explota esa idea de una forma casi irreverente de sentirse el espejo del mundo. Vientos que hablan, energías diáfanas, y acaso entiendes el lenguaje del cielo.

Walter Benjamin, si viviera hoy tendría un excelente blog, sin dudas el mejor de la blogósfera mundial, pero como fue asesinado hace tantas décadas cruzando los Pirineos huyendo del nazismo, es por eso que nos permitimos transcribirlo en CTC. Cierre este humilde post, maestro:

Es una verdad metafísica la que dice que toda la naturaleza se pondría a lamentarse si le fuese dada la palabra. (…) Pero el lamento es la expresión más indiferenciada, impotente de la lengua, que contiene casi sólo el aliento sensible; y donde quiera que un árbol susurra se oye a la vez un lamento. La naturaleza es triste porque es muda. Vive en toda tristeza la más profunda tendencia al silencio.

Maridajes

Cuándo: desde que existe la palabra

Dónde: en el mundo

Cómo: escuchando el susurro de los árboles, los lenguajes del mundo



Luis Alberto Spinetta - El lenguaje del cielo






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