Advertencia 1

Internet Explorer, por cosa e' mandinga, no permite ver el blog en su completitud.
Desde Google Chrome o Mozilla Firefox sí podrán escuchar las músicas, ver imágenes y leer los textos completos.
Recomendamos Firefox porque nos gusta el software libre

domingo, 8 de mayo de 2011

Porco Rex

Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano. Y es solitario.
Clarice Lispector escribió el 2 de marzo de 1968 en el diario Jornal do Brasil una bellísima crónica titulada Persona. El Indio Solari extrajo de esa crónica la frase que abre este post para utilizarlo como una de las citas que conjugan su segundo disco-libro Porco Rex.
Para el tiempo leído en clave literaria nadie mejor que Lispector y Solari. A paixão segundo Lispector. La pasión según Solari.
La última novela -corta, triste y hermosa- de la escritora ucraniana-brasilera se llama La hora de la estrella. Empieza con la sentencia más axiomática de su idea del tiempo: Todo en el mundo comenzó con un sí. Una molécula le dijo sí a otra molécula y nació la vida.
Nació el tiempo. Por voluntad positiva y paridad afectiva de las moléculas. El tiempo nace -y muere-. Tiene un comienzo -y final-, a través de las afirmaciones de los seres moleculares. El tiempo no es eterno ni infinito. Es un absurdo la idea de eternidad.
La idea de eternidad tiene su contracara, su complemento y su contingencia en otra idea: la idea de mientras tanto. El mientras tanto es tan absurdo como la eternidad. Para que exista el mientras tanto es necesario un comienzo y un final. Un big bang y un sol ya apagado. Y mientras tanto, no puede pasar lo que pasa antes ni puede pasar lo que pasa después del mientras tanto. Mientras tanto es la anulación total de la posibilidad. Es una clausura de la experiencia y del tiempo. La vida es siempre después del mientras tanto.














El mientras tanto de Solari se adjudica la posibilidad de la finitud. El mientras tanto de Lispector se enfrenta a la finitud de la nordestina. Y el sol se muere, ninguna metáfora mejor para el curso del tiempo.
El tiempo, sí, siempre el tiempo.
Todo en el mundo comenzó con un sí. El sí de una molécula, que hizo nacer la vida. Lispector culmina el triste final de La hora de la estrella, sufriendo la muerte de su personaje, la nordestina, y una frase que alimenta la esperanza cierra la historia y asegura que un tiempo nuevo está comenzando. Muerto el tiempo viejo, con otras dos nuevas moléculas afirmando un sí que es parto de nueva vida, cierra Lispector su novela, les decía, con la frase: Mientras tanto, es tiempo de frutillas. Sí.
El Indio canta mientras tanto. Canta y el sol se muere. Lispector escribe mientras tanto. Escribe y es tiempo de frutillas.
Poné bien alto el volumen y escuchá la canción de acá abajo. Que mientras tanto el sol se muere. Sí.
Maridajes
Cuando: mientras tanto
Dónde: acá, en un mundo revelado
Cómo: como moléculas, en el tiempo, en la experiencia, en la vida


Indio Solari - Y mientras tanto el sol se muere






No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada