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Venimos de un post japonés. Y se me vincula con la comida japonesa que comimos anoche con mi amigo-hermano Pablo. A Pablo le gusta mucho la comida japonesa, fantasea con la comida japonesa y a veces concreta las fantasías. A mí también me gustó mucho la comida japonesa de anoche.
Pasando a cuestiones menos abstractas, hablábamos ayer con Pablo de este disco, el último de Las Pelotas. Y cómo nos gusta. Qué bien que están -que estuvieron siempre, pero ahora más- Dafuncchio y compañía. Cómo se extraña el Bocha, y sus saltos y sus bailes, y sus locuras noventosas, que alguna vez compartimos de puta casualidad. Pero qué bien están.
Y Pablo y yo, personalmente, creemos que todo esto es una locura. Y lo creemos, muy especialmente, por vos y por vos. Después es sólo un recuerdo. Todo pasará.
Martín Buscaglia es uruguayo, un gran músico, con un excelente humor en su obra, un tipo que está rodeado de músicos brillantes, y además de todo eso, comose suele decir, un capo. El tipo versionó la canción que siempre hubiese querido versionar yo en el hipotético casoque tuviese una banda y grabase un disco. En 1952 el cráneo y compositor John Cage compuso la obra 4’ 33’’, una obra en 3 movimientos que en la partitura da libertad de usar el instrumento que el intérprete desee, pero que solamente especifica una única aclaración: el intérprete debe guardar silencio durante todo el tiempo que dura la obra. Es decir, el sonido de la obra es el sonido ambiente que escucha el oyente mientras esta se “interpreta”. Por si fuera poco, Buscaglia en Temporada de conejos, su último disco, lo hace en versión hardcore (al doble de velocidad). Por eso, un capo.
El disco es un disco uruguayo. Divertido. Con algunas excelentes composiciones y con una lírica muy particular. Y es un disco muyecléctico que, creo, es el concepto que mejor engloba todas las definiciones anteriores.
Prueben con canciones como Fico fue a la montaña, Spam, Ese será tu collar o -la que acá abajo pueden disfrutar- Extraña calabaza del amor. Buscaglia no los va a defraudar.
Buscaglia, que anda hoy por Buenos Aires, me hace convencer de una excelente forma de empezar una nueva temporada. De conejos o de humanos divertidos, a flor de piel y arriesgados. En busca de un futuro perfecto.
Arriesguemos, es la clave. Buscaglia lo sabe muy bien.
Es músico, productor, tiene su sello y es, ante todo, un tipo arriesgado. Se llama Nicolás Falcoff.
La insurgencia del caracol es un disco que no se puede catalogar geográficamente: es tan argentino como latinoamericano. Es una apuesta más de Falcoff.
Los sabores de este disco son puramente rítmicos. Y las canciones están aromatizadas con cuerdas acústicas varias, cajones peruanos, bombos legüeros, cajas copleras, güiros, acordeones, bandoneones y algunas quenas, sikus, flautas, clarinetes, entre tantos otros aromas latinoamericanos.
Lento pero firme, Falcoff, como el caracol -como los caracoles- avanza por la selva del cancionero latinoamericano.
Ah! Para tener cuenta: el arte y el diseño del disco y el acompañamiento visual de los recitales de Falcoff son producción de un gran amigo: chajucito.
Y disfruten de la percusión rota y de la dulce voz de Mariana Baraj en la bonita Hombres sin rostro, que como todo el disco refleja, dibuja y pinta la insurgencia zapatista y la selva mexicana.
Maridajes
Cuándo: en cualquier mañana primaveral (pero en cualquier estación del año)
Camila Moreno es una chiquilla. Una niña. Un ejemplo delicioso del folklore chileno actual. Con todas las armas de la modernidad tecnológica.
Llegué a ella por la suerte de toparme con un chileno conocedor de lo que pasa en la actualidad cultural de ese país y que respondió urgente y dando en la tecla exacta a mi pregunta por lo nuevo de la música chilena. Pero chilena con toda la impronta chilena.
Editó Almismotiempo en 2009 y por estos días está editando su segundo disco que se llama exactamente igual que el anterior, pero al revés: Opmeitomsimla. ¿Girará 180º del primero? Una propuesta que ya nace interesante. Aunque, igual que con éste primero, no tengamos el placer de que se distribuya en Argentina.
Timbres de cuerdas acústicas que se ensamblan con ritmos folklóricos y clásicas percusiones, acordeones y xilofones. La trasandina es una cantante descarada y melodramática, como gusta definirse. Además se encarga sabiamente de casi todas las cuerdas -guitarras, cuatro, ukelele- y varias otras yerbas.